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Grifería

La grifería es la pieza que más se toca a diario y la que menos se piensa al reformar. Aquí está la diferencia real entre termostática y monomando, y cómo se cambia un grifo sin llamar a nadie.

Primer plano del caño curvado de un grifo cromado, con una gota de agua en la boquilla, sobre un fondo de mármol.
La grifería es la pieza que más se toca a diario y la que menos se piensa al reformar.

Termostática, monomando o cascada: qué hace cada una

El grifo termostático mezcla agua fría y caliente hasta una temperatura fija que no cambia aunque otro grifo de la casa se abra a la vez. El valor real está ahí, no en el diseño. El monomando mezcla con una sola palanca que hay que reajustar cada vez, más barato de mecanismo pero más lento de regular con precisión.

La griferia cascada (el agua sale en lámina, no en chorro) es una variante estética de cualquiera de los dos mecanismos anteriores, no un tercer sistema: antes de elegirla por el efecto, hay que confirmar que la presión de la instalación la sostiene sin salpicar.

Antes de elegir estética hay dos medidas que deciden si el grifo encaja: la distancia entre las tomas de agua (los grifos de pared se fabrican con separaciones estándar y el que no coincide no monta) y el diámetro del agujero del lavabo o la encimera, que condiciona el tipo de anclaje. Con un lavabo ya comprado, esas dos cosas se miden primero; con la reforma sin hacer, se decide el grifo antes de dejar las tomas puestas.

Y un detalle que explica la mitad de las quejas de presión: el aireador, la pieza enroscada en la punta. Es lo primero que se atasca con la cal y lo más fácil de limpiar o sustituir de todo el baño. Por dentro, la pieza que de verdad falla con los años es el cartucho cerámico, y en la mayoría de grifos es recambiable: antes de cambiar un grifo que gotea o va duro, conviene comprobar si el fabricante sirve el cartucho.

Guías de grifería

Fuentes

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